200 episodios después
🎧 Si eres más de escuchar, aquí tienes el episodio completo, sin invitada, solo yo, el micro y cinco verdades que he tardado tiempo en aceptar de verdad.
200 episodios. Cuando grabé el primero no tenía muy claro lo que estaba haciendo. Tenía muchas ganas, eso sí, y la convicción un poco frágil todavía de que tenía algo que contar. También me imaginaba con podcasts de millones de descargas. Pero bueno, hoy, 200 episodios después, me siento agradecida de la María de hace 200 episodios que ha seguido con esto, a pesar del trabajo que conlleva y la poca recompensa si hago caso de los gurús de lo digital, donde todo hay que medirlo por la conversión.
Y qué pereza me dan. Porque si el episodio de hoy se llama honestidad radical, tendré que predicar con el ejemplo.
Así que para celebrarlo, ningún invitado, ningún resumen de logros. Cinco verdades y dos preguntas con fundamento. Vamos a ello.
1. Más no significa mejor
Durante mucho tiempo creí que si no estaba haciendo más era porque me faltaba algo: más ofertas, más formaciones, más pasos, más presencia en más sitios. Me comparaba con negocios que crecían rápido, que lanzaban cada dos meses, que parecían tenerlo todo bajo control.
Lo que tardé en ver es que muchos de esos negocios tenían equipo, o estaban en momentos vitales completamente distintos al mío, o simplemente en una realidad que yo no conocía desde fuera.
“La comparación no solo era injusta, es que es agotadora.”
Por eso, más no es mejor, y mejor casi siempre puede ser más sencillo. Desde hace pocos años me repito como un mantra: si lo puedo hacer más fácil, mejor.
2. Mirarse adentro es incómodo, y hay que hacerlo igual
El año pasado me equivoqué con mis números. Invertí de más (suena mucho mejor que “me pasé”, pero fue eso). Lo más difícil no fue el error: fue mirarlo. Porque yo llevo años en esto, porque la teoría de tener un negocio rentable me la sé. Y aun así, ahí estaba en la reunión anual con mi asesora fiscal, ella dándome un toque y yo con cara de circunstancias.
Procrastiné como una campeona mirar los números. Preferí esconderme en el trabajo del día a día, porque cuando algo no encaja, lo primero que apetece es mirar para otro lado.
“La incomodidad no desaparece si no la miras, solo se hace más grande.”
3. No todo me gusta de mi negocio, y eso está bien
El que dijo “convierte tu pasión en tu trabajo y no trabajarás un día más en tu vida” nos quería engañar. Yo amo lo que hago, y aun así hay días en que mandaría la porra a mi mejor cliente. Días en que no quiero ni abrir el ordenador.
Antes me machacaba por esto con el típico “hay gente que lo tiene peor”. Y es un positivismo tóxico del que todavía me cuesta escapar, porque sí, siempre va a haber gente que lo esté pasando peor, pero las dos cosas son verdad al mismo tiempo: y yo también puedo tener días malos.
4. No puedo ser perfecta en todo
La cantidad de contenidos que no he publicado porque no me veía bien, porque no quedó bonito a la primera. La cantidad de talleres que no he organizado por si no vendo todas las plazas o por si a alguien no le gusta.
De adolescente me quedé sin ir a una fiesta por un grano enorme (en mi defensa, era un grano muy grande). Y eso es exactamente lo que a veces me pasa con mi negocio. Si pudiera cambiar algo, cambiaría eso: haber publicado más sin esperar a que fuera perfecto.
“La fiesta no espera al grano, y el negocio tampoco.”
5. La autoempatía es lo más estratégico que puedes hacer
Esta es la verdad a la que más me ha costado llegar y la que más me ha cambiado. Cuando se me atasca una landing, cuando publico un vídeo y me veo fatal, cuando no me aprueban una propuesta, mi primera reacción solía ser el autoataque: “cómo he podido”, “llevo años en esto, qué estoy haciendo mal”.
“Desde ahí yo no construyo nada bueno. Mi negocio y yo misma estamos mejor cuando me miro con generosidad, que no es lo mismo que complacencia.”
Dos preguntas para cerrar
¿Qué parte de mí ha cambiado más en estos años?
Ya no tengo tanta prisa. No tengo prisa por llegar a una cifra determinada, ni por tener equipo, ni por conseguir ese curso online en Evergreen con ingresos pasivos. Eso me da más libertad: puedo elegir qué hago con mi negocio sin pensar tanto en las casillas que “hay que” cumplir.
¿Qué me sigue dando miedo a día de hoy?
El fracaso. Un monstruo del que ni siquiera tengo claro la definición exacta. ¿Sería cerrar el podcast? ¿Tener que pedir dinero? No lo sé. Lo que me ayuda es preguntarme: ¿qué hago si fracaso? Después de unos días llorando en la cama, sé que empezaría a pensar en un plan B. Y eso también da tranquilidad.
Con pequeños objetivos, no con semanas perfectas
Ahora mismo estoy trabajando en pequeñas cosas: cambiar el copy de la web, terminar el rebranding visual que se quedó a medias. No tengo tiempo para cerrar una semana entera y hacerlo todo, pero tampoco quiero llegar a septiembre y darme cuenta de que he avanzado poco.
Así que me pongo objetivos pequeños: un contacto a la semana, un evento de networking al mes. Si me pusiera como objetivo revisar toda la web en una semana, sé que no lo voy a tener hecho. Así que me lo pongo fácil.
Gracias por estar aquí, en el episodio 200. Por a veces escribirme, por escucharme siempre, por hacer que esto tenga sentido más allá de mi despacho y de los objetivos conseguidos.
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¡Nos seguimos leyendo!
María